El Jockey Club tiene memoria. Cada vez que Andrés Romero camina hacia su primer hoyo de la "cancha vieja", el aire cambia. No importa si viene de ganar un torneo en el exterior o si, como sucedió el jueves, la tarjeta no le permite jugar el fin de semana del Abierto del Norte. Para "Pigu", estar acá es volver a las bases, al lugar donde aprendió a imaginar tiros imposibles que años después ejecutaría en el British Open o en el PGA Tour.
Tras una primera vuelta complicada por un estado gripal y errores puntuales de juego, Romero se detuvo a conversar con LA GACETA. Lejos de la frustración por el resultado inmediato, lo que se percibe en él es un hambre competitivo que parecía haberse extinguido hace un par de temporadas. Pero "Pigu" está de vuelta, y proyecta su futuro con una ambición que ilusiona a todo el deporte nacional.
El "click" en Rosario y el fin de la apatía
En un tiempo no muy lejano el golf era una carga para "Pigu". El retiro había llegado en marzo de 2025, tras una paulatina pérdida de motivación. "Empecé a pasarla mal. No me divertía, me preguntaban si iba al club y decía que no. Tenía cero ganas", confiesa. A ese vacío emocional se sumaron lesiones y el peso de la distancia familiar.
Sin embargo, el punto de inflexión ocurrió en la ruta. Tras un intento fallido en torneos de Salta y Chaco donde la falta de entrenamiento le pasó factura, decidió probarse en Rosario el año pasado con 15 días de práctica previa. "Jugué impresionante. No quedé entre los 10 primeros sólo por errores de falta de juego, pero al volver manejando de Rosario pensé: ‘Wow, todavía puedo’". Esa revelación fue el motor que lo sacó del letargo y lo trajo de nuevo a las canchas de entrenamiento.
"Pierdan el respeto": un consejo para la nueva guardia
Esa convicción de sentirse par de los mejores no es sólo un propulsor interno para su vuelta; es también el legado que intenta transmitir. Hoy, el golf tucumano vive una primavera con nombres como Nelson Ledesma, Augusto Núñez y Martín Contini dando pelea en los circuitos grandes. Para ellos, Romero tiene un mensaje que es el secreto de su propia carrera.
"Lo que siempre les digo es que le pierdan el respeto a los grandes jugadores. Idolatrar es una cosa, pero cuando llegás a ese lugar, todos son iguales", dispara el "Pigu". Según su análisis, la mayor barrera para los argentinos suele ser la pantalla de televisión: ver a las estrellas tanto tiempo como inalcanzables hace que, al tenerlas al lado, el respeto juegue en contra. "Yo llegué al PGA creyendo que les podía ganar porque ya venía de ganar en Europa. Esa es la parte más difícil: creértela".
Esa 'desmitificación' de los escenarios imponentes la vivió en carne propia: cuando la presión de un Major lo asfixiaba, cerraba los ojos e imaginaba que estaba en Yerba Buena. "Veía un hoyo y me imaginaba que estaba jugando en Alpa Sumaj; decía ‘acá tal tiro con tal palo’. Era la única manera de sacarme la presión", recuerda.
La evolución del físico: de la habilidad al atletismo
La transformación que sufrió el golf en la última década fue otro de los puntos donde Romero se mostró más autocrítico. El ex 21° del ranking mundial reconoció que la docuserie de Netflix “El Swing Perfecto” le abrió los ojos sobre cuánto terreno había cedido en comparación con la élite actual.
"Vi la serie y dije: ‘me quedé atrás en mis tiempos’. Actualmente, si te fijás en los 50 mejores del mundo, todos tienen un físico atlético", explica. Para él, si bien la habilidad sigue siendo un factor, hoy la preparación mental, emocional y muscular van de la mano. "Antes el pensamiento del latino era diferente, pero ahora hay que mirar lo que hacen los mejores: entrenar, tirar pelotas, preparar el cuerpo. Ya no se puede dar ventaja", asegura.
Objetivo 2027: El asalto final al mundo
Pese a quedar fuera del Abierto del Norte, el cronograma de Romero para los próximos meses es intenso. Este 2026 será un año de "transición", destinado a jugar todo lo posible en Argentina para recuperar el ritmo de competencia y la confianza en su swing. Pero el verdadero objetivo está en el horizonte cercano.
"El año que viene quiero enfocarme a full. Quiero ir a jugar las escuelas en Europa o Estados Unidos", anuncia. Aunque todavía no decide si escalar por el lado europeo o el estadounidense, la meta final es ambiciosa: volver al Korn Ferry o, en un escenario "mágico", entrar directo al PGA Tour. "Siento que tengo el juego y la potencia, porque hoy las canchas son cada vez más largas, pero me siento capaz", sostiene.
El "Pigu" se retiró del Jockey Club con la frente alta. El score dirá que no pasó el corte, pero su testimonio deja ver algo mucho más importante: el golfista tucumano más importante de la historia recuperó la brújula y apunta, otra vez, hacia lo más alto.